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miércoles, 21 de octubre de 2015

En la cuerda floja: un pasado en el futuro

En estos días en los que Volver al futuro está en los temas de conversación de los cinéticos porque es el día en que Marty Mcfly viajaría al futuro, el director Robert Zemeckis regresa a las carteleras con la historia de Philippe Petit, En la cuerda floja (The Walk). Petit es un chico francés obsesionado con el equilibrismo y las alturas.

La recreación de escenarios es fantástica

La pasión de Petit y la formalidad de su padre no hacen una buena combinación, lo que hace que su padre lo bote de la casa. Va a parar a un circo, donde un maestro equilibrista (Ben Kingsley) lo entrena y enseña su oficio como a un hijo. Philippe tiene una meta: caminar en una cuerda entre los extremos de ambas torres del World Trade Center -aún en construcción-. Para esta osadía cuenta con un grupo de cómplices que va reclutando en el camino.

La película describe con detalle y una fotografía preciosa la travesía de Philippe y su combo, la recreación del World Trade Center es excelente; así como el grado de detalles de la instalación de la cuerda y la preparación del protagonista. Sin embargo, el detallismo de la parte técnica no sustituye la falta de rigor del autor para profundizar en el personaje. El recurso del protagonista contando su propia historia desde lo alto de la Estatua de la libertad, en ocasiones se hace tedioso, sobre todo porque no suele aportar cosas sustanciales en esas intervenciones.

Solo los momentos de tensión en los que Petit está a punto de no lograr su meta delimitan un poco su carácter, con ciertas aristas de terquedad y empecinamiento. La preparación física y el esfuerzo técnico del actor Joseph Gordon-Levitt es notable, es un intérprete sin ego ni encasillamiento. La falta de profundidad de su personaje no es su responsabilidad, es más un problema de guión.

Solo una gran pasión puede lograr esto

La película comienza con el personaje principal diciendo que todo el mundo le pregunta por qué, no está mal que no lo responda con palabras o con frases directas, lo que no es del todo acertado es que la historia no responda al motivo de esta pasión. Sin embargo, Zemeckis logra a la perfección la tensión y el vértigo del momento. La última media hora de película es fascinante en cuanto a técnica y a manejo de las emociones, es lo más cerca que puede estar de hacer una hazaña épica.

Zemeckis ya demostró su valentía en películas como Volver al futuro, Náufrago o Contacto, en esta película vuelve a mostrar su coraje al presentar el desaparecido World Trade Center en todo su esplendor y majestuosidad, dos aspectos que detonaron la pasión de quienes las construyeron, de quien las amó y cruzó su vacío, y de quién las destruyó.

Petit ante su mayor desafío

martes, 6 de octubre de 2015

Misión Rescate: Scott lo hizo otra vez

Después de ver Misión Rescate (The Martian) quedas pensando cuántos tipos de película puede hacer Ridley Scott. El mismo director de Blade Runner, Thelma & Louise y Exodus, ahora se lanza a la moda de las películas acerca del espacio. Esta entrega es la película que todo actor quiere y teme a la vez. Matt Damon sale bien parado de este reto donde le toca actuar gran parte de la película solo.

Misión Rescate es una película predecible y de guión clásico, sin giros inesperados o nuevas formas de hacer cine. Sin embargo, eso no la hace una mala película, por el contrario el corte clásico de su factura le da una sensación de frescura y cotidianidad en la que un solo hombre abandonado en Marte luce de lo más normal.

Hay dos puntos clave en el desarrollo de la película: el uso del ingenio basado en la preparación científica para resolver problemas, y los resultados del trabajo en equipo cuando gente distinta rema en la misma dirección.



El estreno de Misión Rescate coincide con la difusión masiva del hallazgo de agua en Marte, y una congregación de opinadores que dicen que la humanidad irá, sin duda, hacia la conquista de otros planetas para garantizar la supervivencia. En este sentido, Hollywood parece enfocado en hacer una buena publicidad a los astronautas, mostrándolos como gente “cool” y divertida, que además sabe mucho, porque ser agente secreto es bueno, pero ser científico es lo máximo.

Por otra parte, hay un mensaje implícito en la película, que difiere de los mensajes que se transmitían hace años. Los americanos no son únicos e infalibles, necesitan de colaboradores como los chinos -en este caso- motivando así a todo público a unirse a esta conquista del espacio. En resumen, los costos hay que asumirlos entre todos.

Así como nunca me ha gustado el uso del cine para despertar la emocionalidad que justifica la guerra, celebro que se use para promocionar el estudio de la ciencia, y que por fin se muestre como ejemplo y patrón agradable a quienes estudian y se esfuerzan. Sobre todo en estos tiempos en los que se glorifica a Pablo Escobar, y a cuanto asesino masivo de niños de colegio aparece.



Ridley Scott es puro director, y está en un momento bárbaro en el que no siente ninguna presión por demostrar nada. Es una buena película, hecha sin pretensiones, y justamente por eso, logra una vez más una muy buena película. ¿Cambiará la historia del cine? No, pero tampoco lo pretendía. ¿Se quedará usted viéndola cada vez que la repitan en televisión? Sin duda, como tantas otras de Scott.

martes, 29 de septiembre de 2015

Everest: choque de fuerzas

En el mundo hay dos tipos de personas: los que han subido el Everest, y los que no; los que han logrado llegar a la cima, también se dividen en dos: los que han logrado regresar con vida, y los que no. Este es a grandes rasgos el argumento central de la recién estrenada película de Baltasar Kormákur.

La película está basada en la historia real de Rob Hall, un experimentado alpinista, que dirige una compañía que se encarga de guiar a grupos de escaladores a través de la montaña. No garantizan que llegarás a la cumbre, pero es lo más cercano a una asesoría en caso de que ya no sea seguro seguir, o las condiciones sean adversas.

Grupo de escaladores de Rob Hall

El grupo de clientes que acompaña a Hall en esta ocasión (1996) es bastante nutrido. Lo acompaña un hombre de negocios, un periodista, un trabajador común, una mujer que ya ha subido las seis cumbres más altas y aspira subir esta para completar el ciclo, y otros personajes que van tomando importancia más por su desempeño durante la escalada, que por su historia.

La cuidada propuesta del director es lo más parecido a la idea fundamental del cine: llevar al espectador a sitios que no puede ver, a vivir vidas que no puede vivir, a tener experiencias que no sabe ni que existen. En esta aventura, se pueden disfrutar las actuaciones al límite de Jason Clarke, Josh Brolin y Jake Gyllenhaal. El casting se suma a los aciertos de la película, así como sus diálogos y, el balance entre la acción y el trato humano a los personajes.

Las condiciones más adversas se pueden presentar

La película es inspiradora, trágica y real. Atraviesa momentos de tensión y alarma como cuando dos grupos se cruzan en lo alto de la montaña y se forma una congestión en medio de condiciones muy adversas. Todo el panorama con su desenlace, deja en el aire una pregunta sencilla -como casi todas las preguntas importantes- ¿Por qué quieren escalar el Everest? ¿Qué buscan? ¿Reconocimiento? ¿Gloria? ¿Evasión? Para algunos es una meta, para otros una obsesión por la que corren cualquier riesgo, afrontan cualquier adversidad con tal y pararse en la cima del mundo.

Lo más seguro es que cada persona tenga su propio Everest, su propia obsesión por la que sería capaz de todo, por la que se enfrentaría a cualquier cosa. La diferencia es que los personajes de esta historia saben cuál es su obsesión, saben que será muy duro, y que cualquier cosa puede pasar. Ellos saben que la única fuerza más poderosa que la voluntad es la naturaleza, esa es la apuesta, descubrir quién tendrá la última palabra.

La meta no es el final del camino, es la mitad

La majestuosidad de los paisajes es parte de la experiencia

miércoles, 26 de agosto de 2015

Restaurant Rialto: un regalo gastronómico en la Plaza Bolívar

Caracas se ha transformado en una ciudad caótica, endurecida y callosa que está muy lejos de ser la sucursal del cielo, como solía llamarse. Todavía guarda algo de su antigua lozanía, aunque con ojeras y despeinada. A pesar de no ser una ciudad de gran extensión, la dinámica actual de sus habitantes es bastante atomizada, las personas se desplazan poco, y algunos hasta desconocen el centro de la ciudad o sus lugares históricos.

La plaza Bolívar y sus alrededores han sido rehabilitados, atrás quedaron los tiempos de la esquina caliente y los buhoneros que abarrotaban el casco histórico de la capital. Actualmente, el sitio más cálido de la plaza es el restaurant Rialto, ubicado en el antiguo cine Princesa, que luego cambió su nombre a Cine Rialto, el primero en la ciudad en ofrecer funciones de cine continuado.

El restaurant es una propuesta completa de comida, estilo y servicio. Los chefs Patricia Oliveira y Christian Briceño, conjugan platos de la gastronomía internacional con sabores criollos que se traducen en una comida sincera y sin pretensiones. Los gnocchi de plátano en fondue de quesos criollos y tomate confit, el tiradito de cazón o los tortelonis de asado negro con tomates cherry son algunos ejemplos del concepto gastronómico del lugar.



El concepto se complementa con la vestimenta de los mesoneros que recuerdan la Caracas de antaño, y la vista a través de los ventanales que dan hacia la Plaza Bolívar. Se alcanza a ver la cima de la Catedral de Caracas y el Palacio de gobierno capitalino. Los precios son bastante aceptables y los productos de buena calidad.

La experiencia se puede completar con un paseo por dentro del antiguo cine Rialto al cual se entra por la planta baja del edificio, allí se paseará por los pasillos de uno de los primeros cines que dio el salto de cine mudo a cine sonoro, y que también fue pionero en la difusión de películas a color en el país. Remodelado por el arquitecto Gustavo Wallis, este edificio albergó la sala de redacción del diario Últimas Noticias y del semanario humorístico El Morrocoy Azul.

En la actualidad, continúa prestando sus espacios para la innovación y la creatividad, esta vez en el área gastronómica a través del restaurant Rialto, que el próximo 11 de septiembre cumplirá un año de funciones continuadas, ofreciendo a los comensales una propuesta valiente y honesta.