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jueves, 19 de noviembre de 2015

Black mass: ser ganster no es cool

No es una película más sobre gansters, o bueno sí lo es, pero es buena. La película está basada en hechos reales, trata sobre la vida de Whitey Bulger, el violento y criminal hermano de un senador estatal. La historia se desarrolla en Boston, lo que permite ver la ciudad fuera de las postales habituales, mucho más real y sin maquillajes.

El director es Scott Cooper, quien logra una película hiper realista en la violencia y poética en la narración. Los detalles de la fotografía son fantásticos, la edición es impecable, y la dirección de actores es excelente; tanto los testimoniales como las escenas más intimistas están muy bien logradas.

Whitey Bulger


Lo más maravilloso de la película no es la parte técnica, que es casi sobresaliente, lo mejor de la película es que esta banda de gansters no vive una vida de lujo y confort. No usan trajes de última moda, están rodeados de chicas espectaculares y se alojan en hoteles lujosos. Por el contrario, Johnny Depp encarna un personaje poco agraciado, que viste prácticamente igual todos los días y cuya única debilidad parece ser la figura materna, ante la cual vuelve a ser un niño cordial y sumiso.

Johnny Depp y Dakota Johnson

Este punto de la película es poderoso, porque en estos tiempos de violencia, de malos famosos, de series de narcos, quizás debamos revisar un poco como los medios actúan ante esto. No quiero decir que esta gente sea criminal o delincuente porque lo vio en la televisión o en la misma película que Scorsese ha hecho ochenta veces; lo que sí creo es que cada héroe tenía un villano, y en ocasiones el villano era tan interesante como el héroe. Quizás el verdadero problema es que estamos escasos de héroes, y abundan los villanos. O, quizás el problema sea que los héroes son poco recompensados.

Volviendo a la película, tiene un ritmo lento que coincide con su realismo, pero es compensado con su abundancia de detalles y con la propuesta valiente de su director. Las actuaciones están a la altura de la propuesta, y si disfruta las películas con balance entre acción y diálogo, está película le gustará.

Bulger trabajando con su equipo


jueves, 5 de noviembre de 2015

Puente de espías: una historia de héroes discretos

Steven Spielberg regresa con una nueva película en la que Tom Hanks es el protagonista. El director pareciera ser dos directores en uno: hay un Spielberg que recrea situaciones para dar vida a E.T. El extraterrestre, Tiburón, Parque Jurásico; y hay otro Spielberg que construye personajes para contar una situación o historia como en La lista de Schindler, Lincoln, La terminal, y la recién estrenada Puente de Espías.

El director nunca ha escondido su obsesión con la historia contemporánea, especialmente con los años transcurridos a mediados del siglo pasado. Por sus raíces judías, ha sido acusado por grupos defensores de cualquier causa que ataque a los norteamericanos y a los judíos, o a ambos a la vez. Sin embargo, su extensa obra es seguramente su mayor defensa.

Tom Hanks como Jim Donovan

La historia transcurre durante uno de los más difíciles años de la Guerra Fría (1957). Tom Hanks es un prestigioso abogado de seguros, llamado Jim Donovan, que se ve en la difícil situación de servir como abogado a un espía ruso que ha sido capturado, Rudolph Abel (Mark Rylance). La tarea es complicada porque como en muchos juicios públicos de nuestro tiempo, el acusado está condenado de antemano, y buscan a Donovan solo para que haga su papel de defensor sin mayor implicación.

El problema viene cuando Donovan se implica, y decide que impedirá la pena de muerte, porque la condena es lógica pero la pena de muerte no, puesto que en lo sucesivo algún espía norteamericano podría caer en la misma situación en Rusia, y así tendrían alguien para negociar un canje. El tiempo termina dando la razón a Donovan, y la CIA lo busca para lograr el canje de los detenidos.

Durante el canje, Tom Hanks toma posesión de la película con una maestría que no sorprende, porque ya lo hemos visto hacerlo antes. Su mayor grandeza es que Donovan no es el náufrago, no es Forrest Gump, es simplemente Donovan, es una actuación de rigor, de control, de vieja escuela que se agradece. Sin embargo, el tema actuación adquiere otro nivel en las escenas que comparten Donovan y Abel mientras están en la cárcel preparando la defensa. En estos tiempos en que tantos actores se disfrazan para entretener y llamar la atención, estos dos titanes se desnudan y con menos hacen más, solo por esto la película vale la pena, porque si bien Spielberg siempre me ha parecido un buen narrador, no me había parecido un destacado director de actores. En Puente de Espías puede dar por visto este aspecto.

Abel y Donovan dando una master class de actuación

La parte que se desarrolla en Alemania tiene un sentido estético pertinente, con filtros que enfrían la realidad y dan una sensación de tensión y miseria poderosa. La película es un poco larga hacia el final, y un poco redundante en la etapa de las negociaciones, aunque este aspecto no la desmerita.

He leído críticas a la película, quitándole mérito porque se ve Estados Unidos radiante y Alemania decadente. Es cierto, pero dudo que un país que estaba construyendo un muro para dividirse porque no se entendían se viera mejor después de dos guerras, que un país en plena bonanza y desarrollo.

También he leído críticas que acusan a Spielberg de manipular la historia a través del cine, para aupar el americanismo. Bueno, primero, no es Estados Unidos el único país que hace eso, como tampoco es el único que espía. Segundo, como dije antes, Spielberg no ha negado nunca sus ideas históricas o políticas, así que cada quien sabe a lo que va cuando ve una de sus películas. La película trata sobre el abogado Jim Donovan en una situación determinada que el director decodifica del modo que le es posible. Por supuesto, que habrá versiones distintas, pero eso no hace inviable la película.

A fin de cuentas, una película es ficción, es una interpretación, no un documento notariado. Deshonestos son los directores que ocultan sus ideas y fuentes de financiamiento, se disfrazan de imparciales y hacen películas sobre el narcotráfico como las de Oliver Stone, sin ninguna prueba que lo avale, y aseguran que están basadas en la realidad. Deshonesto es Michael Moore, que sustenta medias verdades contando las partes de la historia que le convienen.

Es posible que algunos críticos odien que Spielberg ame a los Estados Unidos, entre ellos, muchos críticos latinoamericanos que se babean por sus países. Lo que no pueden negar es que mientras nuestra región está pendiente de próceres del siglo XVIII, otros países encuentran héroes en hombres más parecidos a los de su tiempo sin caballo y sin espada.

Puente de Berlín

martes, 13 de octubre de 2015

Este no es mi Peter Pan

El primer libro 3D que tuve fue uno de Peter Pan, podía pasar horas leyendo y jugando con ese libro cuando era pequeña. Neverland era un lugar de ilusiones y sueños donde todo era posible, incluso no crecer, un mundo de hadas y otros artificios. Había villanos, por supuesto, pero la certidumbre de la superioridad del bien contra el mal, hacían de Neverland un lugar seguro.

En esta nueva versión de la historia, en la que la oferta es que te contarán lo que no sabes de la historia, queda uno con la sensación de que estar en Neverland es peor que estar afuera. El villano busca la eternidad (motivación bastante manoseada ya), y las hadas son casi cosméticas. Hay una alusión innecesaria a la Segunda Guerra Mundial, que a medida que se desarrolla la película, parece más una excusa para mostrar un bombardeo, y sus efectos especiales, que algo necesario para la historia.

La actuación del protagonista es rescatable, tomando en cuenta que es casi el único personaje que no está disfrazado como en un desfile ochentoso de Versace. Sin embargo, la película deja sabor a poco hasta la mitad, y sabor a demasiado de la mitad hacia adelante. Hay un momento en el que el derroche estético satura, y lo peor es que prácticamente nada está pasando. Barcos que vuelan, puertas sensacionales que solo el protagonista puede abrir, pero que dentro de la historia no llevan a ningún lado.

Barbanegra
La banda sonora que se mueve entre el punk y el grunge con una incoherencia pasmosa se suman a la lista de estilos mezclados con una esquizofrenia que solo el director es capaz de comprender (Joe Wrigth). Los efectos y la narrativa no tienen ningún tipo de equilibrio, dando como resultado una película vacía, oscura y dramática que no corresponde a la esencia original.

Este no es el Peter Pan de esperanza, donde todo es posible, y donde lo único que importa es el presente, entre otras cosas porque lo predecible del futuro está en el camino abierto para la parte de dos. Al igual que en Maléfica, me quedo pensando que quizás no conocíamos esta parte de la historia porque no es importante conocerla.

Garfio y Peter Pan

Finalmente, recordé un almuerzo con mis hermanas en el que se empezó a hablar de los reality shows famosos: en qué consistían, qué se ganaban y quiénes participaban. Al cabo de un rato callada, mi mamá preguntó: Y esos programas, ¿para qué sirven?. El silencio fue absoluto, nadie fue capaz de responder una pregunta tan simple como pertinente. Si alguien hiciera esta pregunta después de ver la nueva versión de Peter Pan, obtendría la misma respuesta.

Barbanegra y Peter Pan

martes, 6 de octubre de 2015

Misión Rescate: Scott lo hizo otra vez

Después de ver Misión Rescate (The Martian) quedas pensando cuántos tipos de película puede hacer Ridley Scott. El mismo director de Blade Runner, Thelma & Louise y Exodus, ahora se lanza a la moda de las películas acerca del espacio. Esta entrega es la película que todo actor quiere y teme a la vez. Matt Damon sale bien parado de este reto donde le toca actuar gran parte de la película solo.

Misión Rescate es una película predecible y de guión clásico, sin giros inesperados o nuevas formas de hacer cine. Sin embargo, eso no la hace una mala película, por el contrario el corte clásico de su factura le da una sensación de frescura y cotidianidad en la que un solo hombre abandonado en Marte luce de lo más normal.

Hay dos puntos clave en el desarrollo de la película: el uso del ingenio basado en la preparación científica para resolver problemas, y los resultados del trabajo en equipo cuando gente distinta rema en la misma dirección.



El estreno de Misión Rescate coincide con la difusión masiva del hallazgo de agua en Marte, y una congregación de opinadores que dicen que la humanidad irá, sin duda, hacia la conquista de otros planetas para garantizar la supervivencia. En este sentido, Hollywood parece enfocado en hacer una buena publicidad a los astronautas, mostrándolos como gente “cool” y divertida, que además sabe mucho, porque ser agente secreto es bueno, pero ser científico es lo máximo.

Por otra parte, hay un mensaje implícito en la película, que difiere de los mensajes que se transmitían hace años. Los americanos no son únicos e infalibles, necesitan de colaboradores como los chinos -en este caso- motivando así a todo público a unirse a esta conquista del espacio. En resumen, los costos hay que asumirlos entre todos.

Así como nunca me ha gustado el uso del cine para despertar la emocionalidad que justifica la guerra, celebro que se use para promocionar el estudio de la ciencia, y que por fin se muestre como ejemplo y patrón agradable a quienes estudian y se esfuerzan. Sobre todo en estos tiempos en los que se glorifica a Pablo Escobar, y a cuanto asesino masivo de niños de colegio aparece.



Ridley Scott es puro director, y está en un momento bárbaro en el que no siente ninguna presión por demostrar nada. Es una buena película, hecha sin pretensiones, y justamente por eso, logra una vez más una muy buena película. ¿Cambiará la historia del cine? No, pero tampoco lo pretendía. ¿Se quedará usted viéndola cada vez que la repitan en televisión? Sin duda, como tantas otras de Scott.

martes, 29 de septiembre de 2015

Everest: choque de fuerzas

En el mundo hay dos tipos de personas: los que han subido el Everest, y los que no; los que han logrado llegar a la cima, también se dividen en dos: los que han logrado regresar con vida, y los que no. Este es a grandes rasgos el argumento central de la recién estrenada película de Baltasar Kormákur.

La película está basada en la historia real de Rob Hall, un experimentado alpinista, que dirige una compañía que se encarga de guiar a grupos de escaladores a través de la montaña. No garantizan que llegarás a la cumbre, pero es lo más cercano a una asesoría en caso de que ya no sea seguro seguir, o las condiciones sean adversas.

Grupo de escaladores de Rob Hall

El grupo de clientes que acompaña a Hall en esta ocasión (1996) es bastante nutrido. Lo acompaña un hombre de negocios, un periodista, un trabajador común, una mujer que ya ha subido las seis cumbres más altas y aspira subir esta para completar el ciclo, y otros personajes que van tomando importancia más por su desempeño durante la escalada, que por su historia.

La cuidada propuesta del director es lo más parecido a la idea fundamental del cine: llevar al espectador a sitios que no puede ver, a vivir vidas que no puede vivir, a tener experiencias que no sabe ni que existen. En esta aventura, se pueden disfrutar las actuaciones al límite de Jason Clarke, Josh Brolin y Jake Gyllenhaal. El casting se suma a los aciertos de la película, así como sus diálogos y, el balance entre la acción y el trato humano a los personajes.

Las condiciones más adversas se pueden presentar

La película es inspiradora, trágica y real. Atraviesa momentos de tensión y alarma como cuando dos grupos se cruzan en lo alto de la montaña y se forma una congestión en medio de condiciones muy adversas. Todo el panorama con su desenlace, deja en el aire una pregunta sencilla -como casi todas las preguntas importantes- ¿Por qué quieren escalar el Everest? ¿Qué buscan? ¿Reconocimiento? ¿Gloria? ¿Evasión? Para algunos es una meta, para otros una obsesión por la que corren cualquier riesgo, afrontan cualquier adversidad con tal y pararse en la cima del mundo.

Lo más seguro es que cada persona tenga su propio Everest, su propia obsesión por la que sería capaz de todo, por la que se enfrentaría a cualquier cosa. La diferencia es que los personajes de esta historia saben cuál es su obsesión, saben que será muy duro, y que cualquier cosa puede pasar. Ellos saben que la única fuerza más poderosa que la voluntad es la naturaleza, esa es la apuesta, descubrir quién tendrá la última palabra.

La meta no es el final del camino, es la mitad

La majestuosidad de los paisajes es parte de la experiencia

lunes, 31 de agosto de 2015

1000 veces buenas noches

Rebecca es una fotógrafa de zonas en conflicto o en guerra interpretada magistralmente por Juliette Binoche. Esta película de 2013, que llega tarde a nuestras salas de cine, plantea el conflicto de la corresponsal cuando es herida de gravedad y su esposo y familia demandan que se quede en casa y no vuelva a correr riesgos.

La protagonista acepta lo que su familia le pide, y trata de vivir una vida hogareña, disfrutando de las bondades de llevar a las hijas al colegio, y de un marido amoroso que es biólogo marino. El problema es que su verdadera pasión está más allá de las fronteras de ese pequeño pueblito, y su corazón lo sabe.

La película cuenta con una dirección de fotografía sublime, el personaje no merecía menos. Las transiciones visuales y sonoras, sobre todo en la primera parte de la película tienen un acierto y una simbología muy cuidada. La última parte de la película cae un poco en ritmo y fluye con menos levedad que la primera, sin embargo es una película con un guión y un planteamiento interesante.


Mención aparte merece Jueliette Binoche que asimila el personaje a la perfección, y le da sentido y humanidad en todo momento. Es una actuación valiente, pero no desde la valentía de Hollywood, esa en la que se disfrazan los actores y aceptan verse feos; esta es la valentía de los actores que no temen desnudar su alma ante la cámara, y escudriñar a fondo en el personaje hasta verle el hueso, para que nosotros también lo veamos.

Es una película recomendable, que plantea la diatriba entre el deber y la pasión, entre las varias versiones de lo correcto, entre los caminos y detonantes de la búsqueda de la felicidad.




martes, 18 de agosto de 2015

Ted 2 = + Ted

Vuelve a las salas de cine Ted, el oso mal portado de John Bennett (Mark Wahlberg). Esta vez la historia comienza con la boda de Ted y Tamy-Lynn, pocos meses después del divorcio de John. Como casi todas las secuelas, la película no sorprende en cuanto a planteamiento, puesto que ya sabemos que Ted es un oso que habla, es grosero, se droga y se mete con cualquier cosa sin un mínimo de censura, es decir, Ted es como Seth MacFarlane quien le presta su voz y su talento.

Ted es una excusa de MacFarlane para burlarse y hacer lo que le da la gana. En la primera parte, MacFarlane no dejó rincón de la cultura pop de los años 90 que no criticara; en esta película, le tocó a la cultura pop de la actualidad. La escena en el banco de donación de esperma es hilarante no, lo siguiente. Así como, cuando John y Ted van a sabotear a un grupo de stand up comedy que interactúa con el público, y a través de sus participaciones MacFarlane ataca temas de nuestro tiempo como Bill Cosby, 11 de septiembre, etc. Este también es un momento cumbre de humor al puro estilo Seth.En esta parte de la historia, el director y guionista coquetea sin disimulo con su gusto por los musicales, y le da a Ted su voz de cantante para hacer algunas transiciones. 


Seth MacFarlane en el estreno mundial de Ted 2

Amanda Seyfreid es la figura femenina de esta entrega, no es Mila Kunis, eso está claro pero hace grandes intentos por seguirle el ritmo a John y a Ted. Es quizás lo más bajo de la película, aunque no sería justo decir que lo hace mal, la verdad es solo que no es Mila Kunis, sin embargo, el director la hace cantar en un situación no muy coherente (pero recordemos siempre que esta es la película de un oso de peluche que habla) como diciéndonos “por eso es que la escogí a ella”.

Ahora bien, ¿de qué trata Ted 2? Bueno, pues la segunda entrega trata del debate de si Ted es persona o propiedad, y en esta discusión pasan un montón de situaciones y disparates propios de un capítulo de American Dad. Al final la película decae un poco cuando se dirige hacia el segundo juicio que Ted enfrenta para defender que no es propiedad, y que tiene alma y sentimiento como una persona. Los dos juicios se hacen un poco pesados por lo similares en dinámica y argumentos, definitivamente no son lo más cumbre de la película.

Ted 2 es una buena película si quien la va a ver entiende que es una secuela y que MacFarlane es un hombre de series, es decir, esta entrega es otro capítulo de Ted, o de Seth, no sabría decirlo. En conclusión, si usted no es fan de American Dad, le desagradó la entrega de los Oscar de 2013, y no amó la primera entrega de Ted, definitivamente escoja otra película, esta no es para usted.